Oficio: Carpintera
El valor de los objetos hechos a mano y el placer de crearlos
Los objetos sagrados se crean como receptáculos para un espíritu específico, con materiales naturales que conservan el suyo. El proceso se da en un espacio sagrado y de acuerdo con las maneras ancestrales de un pueblo o un linaje. Una vez terminado, un objeto sagrado requiere que alguien con el conocimiento adecuado despierte su espíritu. La mayoría no se muestran a otras personas, y no se permite que los toquen.
Los objetos artesanales, por su parte, llevan dentro una parte de la persona que los creó, por eso se sienten vivos. Sin importar si son rústicos o pulidos, cuentan historias, crean ambientes, evocan recuerdos. Integrarlos a la vida cotidiana llena nuestro día de belleza y de amor. A cambio, el placer de crearlos alimenta el corazón.
La EDAYO
Enterarme de que en Valle de Bravo había un Escuela de Artes y Oficios fue una gran noticia cuando nos mudamos a la cabañita del bosque. En la enorme ciudad donde crecí abundan las escuelas técnicas, pero para aprender un oficio hay que volverse aprendiz de un maestro que disfrute enseñarlo. Eso dificulta las cosas.
Me inscribí en carpintería a principios de 2009. Asistía cada mañana entusiasmada por trabajar con madera y aprender técnicas nuevas, aunque mi experiencia en esa área era mínima. Por fortuna el único requisito era respetar las reglas del taller, a cargo del maestro carpintero Demetrio Paniagua, y seguir sus indicaciones.
En la EDAYO podías aprender carpintería, herrería/soldadura, mecánica automotriz, gastronomía, sistemas informáticos, creación/confección de prendas y estilismo/diseño de imagen. Cada taller se ubicaba en un bodegón. En el nuestro había mesas de trabajo, máquinas, una oficina, una tarja y una bodega pequeña.
Cada estudiante debía llevar sus propias herramientas e insumos, así que mi primera tarea fue comprar escuadra, martillo, serrucho, formón, lápices, pegamento, lijas, clavos y tornillos. En Toluca compré una lijadora orbital y un taladro, en la Ciudad de México conseguí herrajes interesantes. Entre todos los alumnos cooperábamos para comprar lo más costoso, como sierra caladora o lijadora de banda, que usábamos con libertad y el profe Deme guardaba bajo llave en su oficina.
Para el primer proyecto, el único obligatorio, hicimos un marco con madera de pino que el profe nos facilitó. En adelante cada quién compraba la madera de acuerdo con sus necesidades.
Descubrí que las máquinas del taller solo permitían trabajo un tanto burdo (como muebles medianos a grandes), así que para poder hacer piezas pequeñas y detalladas, las que más me gustan, terminé comprando un Dremel con accesorios básicos.

La gente
En el taller había únicamente otra mujer, varios años mayor que yo, que se aparecía de vez en cuando. Tardé en saber cómo se llamaba porque todos le decían “doña”. El día que el profe Deme se dirigió a mí con ese apelativo le pedí que me llamara por mi nombre. Supongo que lo dije con cierta contundencia (aunque estoy segura de haber sido muy cortés), porque los alumnos que se encontraban alrededor de la sierra circular guardaron silencio mientras se miraban unos a otros. Fue un momento incómodo, pero funcionó.
Con el paso de los días fui conociendo a mis compañeros. Los mayores eran los más experimentados; construían muebles o puertas para clientes propios mientras reunían el dinero necesario para montar su propio taller. Los intermedios empezaban a foguearse en el mundo real con proyectos que el profe les conseguía. Los más jóvenes, recién salidos de secundaria, esperaban poder emplearse en una carpintería establecida o integrarse a una constructora cuando se graduaran.
Mis compañeros de mesa, siempre principiantes, rotaron con el tiempo. Entre los que mejor llegué a conocer estuvo Daniel, quien había trabajado varios años en EUA. Por falta de oportunidades, en muchas zonas rurales los jóvenes suelen aventurarse a cruzar la frontera para conseguir empleo y enviar dinero a su familia. Si sobreviven el lance —y no los deportan—, contribuyen en buena parte a la economía del país: México recibió en 2024 más de 64 mil millones de dólares en remesas (entre 10 y 15 por ciento del PIB en estados como Michoacán, Guerrero y Chiapas).
Daniel regresó para la inauguración de la casa de su mamá, que él y un hermano suyo pagaron con su trabajo como ilegales. Se alegraba de volver a estar con su familia, pero no imaginaba para sí una vida satisfactoria en su pueblo de origen, a pesar de todo lo que había aprendido en el enorme vivero donde trabajó. Por eso contemplaba la idea de volver al “otro lado”.
Su gran talento y sensibilidad artística le habrían permitido llegar lejos en otro entorno, pero no contaba con el apoyo ni el estímulo necesario. En una ocasión hubo un taller de fin de semana en la Casa de la Cultura para hacer disfraces y figuras de cartonería que culminaría con un desfile. Lo invité a participar, un poco para que probara nuevas opciones de expresión y otro poco para llegar con alguien conocido. Con gran creatividad (y cierta vergüenza por hacer algo tan “estético”) construyó una máscara de coyote maravillosa. El día del desfile no se presentó. El siguiente semestre ya no se inscribió a la EDAYO.

El maestro
Entre las personas con quienes el roomie y yo cultivamos un nuevo tipo de amistad en Valle de Bravo estuvieron el profe Deme y su familia. Lety, su esposa, tenía una panadería artesanal donde solíamos comprar pan marino, roscas de reyes y pan de muerto cada temporada. Su hijo hacía unas empanadas deliciosas y una de sus hijas (la menor) trabajó en nuestra juguetería, a donde el nieto menor se daba sus vueltas acompañado de otra hija del profe. Fue un tipo de amistad surgida del apoyo en épocas difíciles y la celebración compartida en momentos alegres, que se nutría con los encuentros casuales y las charlas breves para ponerse al día. Todo sin necesidad de socializar de manera formal.
Mientras yo cepillaba, pulía o dejaba secar el barniz de alguna pieza, tuve pláticas profundas con el profe acerca de nuestra familia de origen, de los sueños cumplidos y los que tuvimos que dejar ir por falta de buenos augurios. Aunque no conservamos un contacto estrecho, siempre recordaré a ese maestro que, pese a que aprendió el oficio de su padre a golpes y regaños, nunca perdió la paciencia con sus alumnos. A ese carpintero que construyó marcos para numerosos collages de Alberto Gironella agregándoles detalles originales que más adelante se volverían representativos del estilo del reconocido artista.
El regalo
Lo que empezó como una actividad que duraría un semestre terminó como una carrera técnica de dos años, con un módico costo total de dos mil pesos (100 dls), más material. En ese lapso trabajé con pino, cedro blanco o sabino, y construí —con la colaboración del maestro, los compañeros y hasta del roomie— algunos muebles y un montón de accesorios y juguetes, además de recortar y renovar el restirador que tengo desde el primer trimestre de la carrera (Diseño Gráfico). Nunca imaginé que saldría con tan buenos recuerdos de ese bodegón lleno de aromas, texturas, sonidos amortiguados por tapones para oídos, aserrín, polvo fino que solía colarse por la mascarilla, máquinas descalibradas y veinte veces parchadas donde, gracias a mis colegas, nunca me sentí forastera.
Algunas personas alcanzan cierto tipo de euforia cuando corren, yo lo hago cuando doy forma a algo que parte de mi imaginación. Aunque estuviera rodeada de personas en aquel taller de carpintería, podía concentrarme profundamente en la pieza que trabajaba. Entrar en hiperenfoque, en la zona, en estado de flujo o en atención consciente es común durante este tipo de actividades tan enriquecedoras en lo sensorial, que te relajan y fortalecen tu conexión a la Tierra. Es por eso que estos “hobbies” o “pasatiempos” son un recurso terapéutico inigualable, ideal para sacarte de la mente, para disminuir la ansiedad.
Otra escuela
Poco después de egresar de la EDAYO, supe que un ebanista recién llegado de EUA había montado en el pueblo un taller para dar clases. Cuando visitamos las instalaciones conocimos a Gaspar Téllez, egresado de la Escuela de Diseño y Artesanías de Bellas Artes (igual que mi hermana Ivy 😃). Con gran amabilidad nos contó su larga experiencia en la fabricación de muebles finos y sets para producciones de cine y TV en Los Ángeles; su paso por la escuela de San Diego para convertirse en Maestro en Ebanistería Fina. Gaspart Studio, donde se imparten clases de técnicas y acabados en madera es, hoy en día, una escuela de primer nivel.
Si bien no me inscribí a sus cursos, pues me sentía satisfecha con lo aprendido, cuando necesité crear un objeto sagrado un tanto complejo, en 2017, lo hice en sus instalaciones (con el pago correspondiente a la semana que me tomó terminarlo). El equipo y la asesoría que requería algo tan minucioso lo ameritaba. Quizá con un poco de esfuerzo lo pude haber hecho en mi casa, pero el resultado no habría sido el mismo. Y, al menos para mí, un proceso de creación artesanal sin compañeros no sabe igual. En ese corto periodo conocí a un par de adolescentes muy simpáticos que, mientras se dedicaban en cuerpo y alma a sus proyectos, compartían conmigo sus grandes descubrimientos musicales recientes: Hotel California, de Eagles, y Dust in the Wind, de Kansas.

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Recomendación
Long Tail, de Joe Hisaishi, es una de mis cuentas de Instagram favoritas. Las figuras kawaii de madera que crea son bellísimas. Este video es el proceso de una ardilla, pero hay muchos más.






Quería decirte que la carpintería siempre ha sido mi oficio frustrado. Me encanta trabajar la madera, ya que me hace sentir que estás creando algo que en su alma sigue vivo. Al igual que me defiendo con la soldadura y la herrería, pues no me da miedo aprender cosas nuevas que hacer con mis manos. Mi padre ha sido un manitas toda la vida y siempre nos ha enseñado a buscarnos la vida.
Me dejó pensando la historia de Daniel. ¿Cuántas personas talentosas, en diferentes campos, no han podido desarrollarse por falta de recursos económicos? ¿cuánto ha perdido la humanidad, en belleza y en conocimiento, por no haber apoyado a todos los Danieles del mundo?
Qué hermoso poder cultivar las habilidades manuales. Gracias a los tutoriales de YouTube he podido aprender a revocar con tierra cruda (los tutoriales online son ideales para quienes tenemos dificultades en relacionarnos, aunque reconozco que los talleres presenciales entregan algo que los tutoriales no). Preparando la tierra cruda, primero, y revocando, después, he experimentado el flow del que hablas. Un día recubrí con arcilla una antigua bola de hierro con la que los montañeses jugaban a las bochas, así que hice algo parecido a un dorodango japonés, un extraño dorodango con corazón de hierro.